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lunes, 17 de julio de 2017

N U D O S

Difícil de explicar, más aún complicado de entender. Muchas veces, por distintas razones, ese nudo aparecía. Tanto en la garganta, como en la boca del estómago o en los puños cerrados de una mano llena de ira. Sin ningún tipo de aviso, aparecía y se quedaba indefinidamente.

A veces forzaba lágrimas, que caían como cataratas desde el interior de los ojos hasta el fin de las mejillas, atravesando la comisura de los labios. En otros momentos, hacía que la respiración se entrecortara, que los pulmones se cerraran tal postigones de una ventana antigua. Pero siempre, indudablemente, fuese el tipo de nudo que fuese, se adueñaba de la mente.

Sagrada y bendita mente, dueña de nuestros recuerdos, pensamientos y emociones, se veía derrotada por lo que uno pensaría es un simple nudo. Pero la gran pregunta es, ¿existe tal cosa como un "simple nudo"?

Porque al fin y al cabo, algo tan poderoso que proviene desde los lugares más oscuros de nosotros mismos, no es para nada "simple" o "cotidiano", si no es que casi mágico, de una manera malévola y bizarra. Los nudos nos hacen el daño que nosotros mismos no nos animamos a hacernos.

Los nudos son la otra cara de la moneda, la oveja negra, la peste, la maldad. Pero son perdonados, porque sin ellos no podríamos perdonarnos a nosotros mismos.

- c.d. 

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